Es un hecho que los cambios bruscos de temperatura aumentan las posibilidades de sufrir un ataque al corazón, algo que sucede con frecuencia en verano dependiendo de dónde nos encontremos. Tomar el sol durante el día y luego pasar frío a media noche provoca en nuestro cuerpo una serie de reacciones que pueden propiciar un episodio cardiaco. Por lo tanto, hay que intentar en la medida de lo posible que nuestra temperatura se mantenga constante e hidratarse con frecuencia para prevenir los golpes de calor.

Con la llegada de las altas temperaturas nos agotamos con mayor facilidad, sudamos más y podemos deshidratarnos fácilmente. Esto último es muy habitual, ya que a través del sudor nuestro cuerpo expulsa líquidos. Además, el calor excesivo puede hacer que tengamos dolores de cabeza, calambres en el cuerpo o dolor en las articulaciones. En lugares con altas presiones la sangre se espesa y aumentan las posibilidades de una embolia.

En ambientes con más de 30 grados las probabilidades de sufrir un infarto de miocardio se incrementan considerablemente, así como cuando se producen cambios bruscos de temperatura. Como podemos ver, en verano aumentan los riesgos de sufrir una parada, sobre todo en aquellas personas que tienen el corazón en un estado delicado.

Prevención:

Una de las claves para evitar que el calor nos afecte es hidratarse bien, incluso aunque no se tenga sed. Debemos hacerlo varias veces al día. En caso contrario podemos sufrir una sensación de cansancio, leves mareos, cifras bajas de presión arterial o taquicardia, seguido de contracturas musculares o calambres, que son los síntomas de la deshidratación. Cuando esta llega al extremo pueden llegar a aparecer convulsiones o pérdida total del conocimiento. Ante la aparición de cualquiera de estos síntomas, la primera recomendación de los especialistas es hidratarse. Y si nos encontramos con adultos mayores o niños, para los que suele pasar más desapercibida la sensación de sed, es buena idea recordarles que deben beber agua con frecuencia.

Otras recomendaciones que nos mantendrán a salvo de los riesgos de las altas temperaturas son evitar la exposición solar durante las horas centrales del día (entre las 12 del mediodía y las 4 de la tarde), usar ropa adecuada al clima y al nivel de actividad que se vaya a realizar, llevar gorro -la mayor parte del calor corporal se pierde por la cabeza- y evitar el consumo de alcohol, ya que altera la regulación de la temperatura corporal.

Si además llevamos una dieta sana y equilibrada en la que controlemos la sal, las grasas y los azúcares, estaremos protegiéndonos correctamente de los riesgos asociados a las altas temperaturas. También es importante que, en caso de que tomemos diuréticos, pidamos a nuestro médico que nos ajuste la toma para que no se elimine en exceso el agua corporal en momentos de calor y humedad.

En cuanto al ejercicio, el corazón de las personas con insuficiencia cardiaca tiene menor capacidad de reserva para eliminar el calor del cuerpo y puede sobrecargarse con más facilidad, por lo que evitarán riesgos innecesarios si dejan de hacer deporte en condiciones de mucho calor y humedad. Lo que se recomienda es que hagan el ejercicio que su médico haya pautado a primera hora o a última de la noche, cuando hayan bajado las temperaturas.

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