Si alguien se sorprende de que una palabra como desfibril·lador aún no estuviera en el Diccionari de la llengua catalana del IEC, debe saber que el Termcat, el centro de terminología avalado por el IEC, ya la había bendecido como tecnicismo y por esa razón la grafía ya había sido fijada. Así pues, ¿por qué hasta ahora no salía en el DIEC, aunque ya se podía ver en letras grandes en las máquinas que se han instalado en muchas poblaciones? Pues porque una cosa es la terminología específica y otra es el uso general que hacen los hablantes de algunas palabras.

En este caso, el del desfibril·lador , una palabra muy técnica, resulta que se ha popularizado y por ello ahora la Secció Filològica del IEC, que es la academia de la lengua catalana, la ha incorporado a su diccionario de uso general, el DIEC. Es un caso claro de cómo la Secció Filològica lleva a cabo esta tarea de reflejar la lengua de los hablantes, no adelantándose a lo que han de decir, sino reflejando lo que ya dicen.

Por tanto, a través del lenguaje también podemos ver la importancia que está teniendo los desfibriladores en la población y resulta curioso que se incorpore ahora justo con la crisis sanitaria y cuando más se está hablando de las secuelas del Covid-19 en el corazón.

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